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La Cruz de Lampedusa y la Diócesis de Almería

La Cruz de Lampedusa y la Diócesis de Almería

Intereses políticos de izquierda han querido instrumentalizar la decisión del obispado de no recibir a la Cruz de Lampedusa por considerarlo un acto político

Verbum Iesu

Que la política, como cualquier otro asunto humano, intente penetrar en la Iglesia, es normal. La Iglesia de Jesucristo está formada por hombres a los que les afecta en su vida diaria decisiones que toman los políticos, incluso a la iglesia, como institución humana, le afecta la política en su labor caritativa y evangelizadora.

Otra cosa, bien distinta, es cuando las cosas del mundo adquieren dentro de la Iglesia más relevancia que el Evangelio. Además, con la sospecha fundada de que aquellos que se empeñan en  desplazar el mensaje transcendente  de Jesucristo, para dar primacía a los asuntos inmanentes del día a día, sencillamente,  es que ya no tienen fe.  Si la tuvieran, no hablarían en los términos descalificadores, incluso insultantes , faltos de caridad e ignorantes (mejor diría, malintecionados), que lo hacen hacia la Iglesia.

Me estoy refiriendo a la polémica que está originando la peregrinación de la Cruz de Lampedusa alrededor del mundo, en memoria de los más de 300 muertos por naufragio, cuando intentaban llegar a las costas de la pequeña isla italiana. Un drama de miles de personas que se extiende desde la frontera de Turquía hasta las costas de Tarifa. Hay miles de cruces de Lampedusa: la cruz de los cristianos, asesinados unos, refugiados otros,  de Siria, Irak, Irán, Egipto, India, Pakistán, etc; la cruz de los miles de seres humanos que huyen de la guerra, la cruz de miles y miles de seres humanos que huyen de la hambruna, no solo originada por la sequía, sino también por la corrupción de sus gobernantes y el expolio inmisericorde de sus riquezas por parte de los países ricos de occidente y China. Eso países ricos que se están repartiendo las riquezas de la tierra de donde surgen la migraciones masivas. Es el grito del Evangelio sobre el “elefante y el agujero de la aguja” (Mateo 19, 23-30), el que nos importa.

Sin embargo, no es la labor de la Iglesia crear un partido político con participación en ese Nuevo Orden Mundial económico-financiero para exigir justicia y pedir cuentas a los gobernantes, al capital mundial, a los que dan lugar a que haya países cada vez más ricos a costa de que otros sean cada vez más pobres.

No es labor de la Iglesia establecer políticas sobre inmigración, ni de cerrar o abrir fronteras. La labor de la Iglesia es acoger al extranjero que llega, es darle de comer y vestirlo si estuviera desnudo. No nos corresponde ir a buscar refugiados en origen para darles de comer y vestirlos. Sí es un imperativo evangélico atenderlos en sus necesidades corporales y espirituales, tanto en origen, a través de las Obras Misionales Pontificias, como en nuestro país cuando están con nosotros . Si solo atendiéramos sus necesidades físicas, y descuidáramos las espirituales, no nos diferenciaríamos de una ONG, o de los servicios que proporciona el Estado. Cuando atendemos al hermano que nos necesita, estamos realizando un acto de evangelización, no solo un acto de caridad laica.

La Cruz de Lampeduza y la Cruz de Almería

Las palabras de José Maria Castillo en Religión Digital son demagogas e injustas. No me extraña que así sean, porque desde hace muchos años está al servicio de Izquierda Unida, una formación política claramente anticatólica. El no puede hablar mal de la Iglesia, ni criticar “los privilegios de los clérigos y prelados” porque, a pesar de que su soberbia le llevó a abandonar la Orden de San Ignacio, sigue sacando provecho de ella.

Más injusto y demagogo es, cuando refiere en el mismo artículo que,  “quien haya decido no traer la Cruz de Lampedusa a Almería, sin duda alguna, salvar de la muerte a los que quieren escapar de la muerte, eso es meterse en política”. Solo podría estar de acuerdo con el Sr. Castillo en que, utilizar la frase “aquí no se meten en política”, no ha sido políticamente correcto. Además, indistintamente de la politización de ese itinerario internacional de la cruz, siempre debemos estar dispuestos a estar presentes en cuantas iniciativas se realicen en favor de los emigrantes y de su acogida. Es el alma de la Doctrina Social de la Iglesia. El dilema se presenta cuando, tras esas acciones, lo que se pretende es realizar un efecto llamada, un acto populista, sin entrar en el fondo de la problemática y la soluciones de lo que hoy día favorece la emigración masiva de tantos seres humanos.  Les estamos haciendo un gran favor a esos intereses del capital y financieros que se enriquecen doblemente: les roban sus recursos y posteriormente los explotan en destino.  

Seguro que Castillo conoce muy bien la encomiable labor que realiza la iglesia de Almería con los inmigrantes, especialmente a través de Cáritas. También debería conocer que Almería equivale a varias lampedusas, como le sucede a otros lugares de Andalucía, Algeciras, Motril, Málaga, etc. Nosotros tenemos aquí nuestra cruz, aunque la actuación de la iglesia local no se hace para que los medios de comunicación la visibilicen propagandísticamente, como el fariseo y sus limosnas, sino en silencio con la mayor eficacia posible, como manda el Evangelio.

Por ello, me alegra que el Obispado de Almería, finalmente, haya corregido y acoja a la Cruz de Lampedusa junto a la Cruz de Almería.

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